25 de enero de 2010

Proceso Global de movilidad geográfica y socioeconómica.



EL HORTICULTOR BOLIVIANO


Matías García* y Liliana Mierez**

* Becario del Conicet - Departamento de Desarrollo Rural, FCAyF (UNLP).

** Becaria de Experiencia Laboral de la Secretaría de Extensión, FCAyF (UNLP).

Introducción.

La influencia y relevancia que posee el horticultor boliviano en la estructura hortícola es incuestionable, ya sea cuali como cuantitativamente. La significancia alcanzada es una característica que adquieren, con diferentes grados de avance, en la mayoría de las regiones hortícolas del país.

Quiénes son, por qué migraron y cómo llegaron a ser productores, son interrogantes insoslayables si se pretende interpretar el funcionamiento del actual modelo productivo hortícola. Para ello, el presente artículo tiene como objetivo describir el proceso de movilidad geográfico, social y económico de este sujeto, sesgando el mismo a la región hortícola bonaerense. Este fenómeno que englobamos bajo la definición de Proceso Global, posee un inicio temporal y espacial externo a la llegada del migrante a la región.

Proceso global de movilidad geográfica y socioeconómica.

El proceso global consta de una pauperización, descomposición-migración, acumulación y ascenso social llevado a cabo por nuestro sujeto social bajo estudio: el horticultor boliviano. Este proceso es a su vez posibilitado por un determinado contexto y permeabilidad social.

a) Pauperización y Descomposición.

Los horticultores del Área Metropolitana de Buenos Aires, en donde se encuentra inserto el Cinturón Hortícola Platense, provienen mayoritariamente de explotaciones familiares campesinas de las áreas rurales de los Valles Andinos y la región del Altiplano boliviano. Dichas zonas se caracterizan por una alicaída actividad agropecuaria debido a las condiciones climáticas, edáficas y tecnológicas. La producción mayoritariamente se destina para el autoconsumo y se reserva algún excedente para el intercambio en el mercado de alguna ciudad cercana. Lo que representa una agricultura de características campesinas: autoproducción de alimentos y comercialización de excedentes para obtener bienes que no producen (lo que a su vez representa un típico sistema de Producción Mercantil Simple)[1]. Esto se puede ver reflejado en un extracto de la entrevista a un productor boliviano de la zona de “El Peligro” (partido de La Plata):

“…Vengo de Santana Nueva, en el departamento de Tarija, a unos 10 km de la ciudad. Mis padres están allá. Teníamos 6 has en terreno propio, con título. Después hay mucha tierra fiscal, para los animales, para los vecinos y para nosotros, allá los animales se ponen juntos […] De poder cultivar […] si se puede, el problema es que no hay agua, no hay riego. No se puede sembrar. ¿Para qué voy a sembrar, si voy a perder? Se siembra en 4 meses, de noviembre a febrero. Llueve en diciembre, en enero, y después, una vez al mes, no sirve. Las 6 hectáreas sembrábamos para cosechar, es un terreno más bajo, más plano. Se podía cuidar. El problema es que los animales entran. Teníamos animales: vacas, gallinas, cerdos, todo lo que se puede criar en el campo. La vaca sirve para la leche, en verano, en invierno, no. Cuando es más gorda, se podía vender, y con esa plata se compraban víveres, o si alguien está enfermo, hay que vender un animal para tener el dinero. La agricultura siempre sirve para el consumo. El cerdo, lo cocinás, y la grasa sirve para hacer pan, huevos fritos. Cuando se podía, se compraba aceite pero sino, con la grasa del cerdo se hace todo. Se cultiva el maíz, la papa para el consumo. En el mercado de Tarija se vende la verdura, pero mayormente se vende por paquetitos, por medio kilo, tipo verdulería, es como una feria, no se vende como acá. La papa, la cebolla, se llevaba. Pero es muy seco donde estábamos, y no se vendía bien para comercializar…” (CD)

A muchas de estas familias, con una prole que normalmente supera los 8 hijos, se les dificultaban aun la subsistencia, y más aún la posibilidad de obtención de trabajo extra-predial o nuevas tierras ante la formación de una nueva familia. Es así como el proceso de pauperización se evidencia con unidades productivas que no logran siquiera la reproducción simple, encontrándose en proceso de descapitalización. Esto genera que los campesinos deban recurrir al empleo temporal fuera del establecimiento para completar sus ingresos, lo que evidencia una descomposición[2] de la explotación. Un productor de Abasto y otro de Arana narran este último proceso:

“…Allá están mi mamá y mi papá. Somos 8 hermanos. También hay tíos, tías. Mi hermana a los 18 se fue a Tarija. Después salí yo y después salio mi otro hermano. Yo juntaba material para la construcción. Los fines de semana, llevábamos dinero para los menores. Salimos uno tras el otro así. Mi padre no podía salir, cuidaba a los animales y a mis otros hermanos que eran chiquititos…” (MF)

“Desde los 12 años que empiezo a ir a (la ciudad de) Tarija a trabajar. Trabajaba en una carpintería y una herrería con lo que me servía para comer y ayudaba con algo a la familia. Estuve desde los 12 hasta los 17 años... En el `92 ya decido venirme para acá (la Argentina)...” (NT)

La pluriactividad resultante involucra un descuido y/o menor producción, lo que obliga a una mayor dedicación externa, pudiendo esto implicar tanto simples trabajos extraprediales permanentes como migraciones internas y externas[3]. Este círculo vicioso puede terminar con la total proletarización de la fuerza de trabajo, quedando el predio sólo como residencia de la familia, denominándose a este proceso como descampesinización[4]. En nuestro caso, el sujeto bajo estudio migra hacia la Argentina quedando parte de su familia en la explotación. La permanencia de parte de la familia es un detalle muy importante, ya que estaría indicando que las familias campesinas estarían expulsando “consumidores” y conservando “productores” (debido a la práctica de apoyo económico vía remesas). Por lo tanto, la descomposición implica la persistencia en estos sujetos de elementos campesinos, los que veremos tendrán gran protagonismo en las estrategias productivas y domésticas, y en el consecuente ascenso socioeconómico conseguido en la Argentina tiempo después.

b) Migración.

Si bien el componente económico es un fuerte estímulo a considerar como causante de los flujos migratorios, no es el único y muchas veces ni siquiera el más relevante. En el caso de la migración limítrofe sobre la Argentina, Sassone (2001) plantea una serie de condicionantes que tiene que ver con: la continuidad y proximidad territorial entre las áreas de emisión y las áreas de atracción en el país; la cuestión demográfica del país que expulsa y el bajo crecimiento de la Argentina; las mejores oportunidades laborales que demostró la Argentina en relación a los países limítrofes; y las condiciones coyunturales de expulsión por persecuciones, convulsiones políticas, etc.; las inclinaciones migratorias de algunos grupos étnicos como parte de su herencia cultural. Por caso, sólo una fracción menor de la población boliviana esta expuesta a la atracción del cruce a la Argentina. Y son, justamente, los Departamentos fronterizos (Potosí y Tarija) los que mayor representatividad poseen en la horticultura bonaerense (Benencia, 2003: 458). Es por ello que, además de las condiciones económicas de la persona/familia que decide migrar, resultan relevantes otros factores tangibles (ej: cercanía a la frontera) y algunos no tan tangibles como la información, know how, redes sociales e identidad (Benencia, 2003: 462). En concordancia, un productor de la zona de Etcheverry expresa que:

“Mi padre sabía contar que siempre venía a la Argentina, a trabajar por temporada, seis meses, y después volvía. Venía al norte, para cosechar. Algunas personas volvían, venían... Siempre a fin del año mucha gente volvía para allá y después se desaparecía de allá... Te hablan, ´están en Argentina´, ´están ganando bien´... Yo vivía en Tarija, conocí a alguien, un muchacho que hacía eso... Yo cuando vine, no volví más. [¿Por qué Argentina y no Paraguay o...?] Argentina es el país más cercano. La gente de Bolivia no va a Paraguay, por la guerra, siempre fue así, a Chile tampoco. Y mayormente por ese motivo... En cambio, Argentina era más cerca y viendo los que venían, volvían... Venían a Córdoba, al Norte, a Corrientes…” (RO)

El inicio de la migración boliviana a la Argentina se puede definir como tardío, en relación a la proveniente del resto de los países limítrofes. En ese sentido, Marshall y Olansky (En Benencia, 2003: 459) afirman que hasta mediados del siglo pasado, en la estructura económica-social del sector rural de Bolivia predominaban relaciones sociales de naturaleza servil, con sujeción de la mano de obra a la tierra. Los cambios generados por la Revolución Boliviana a partir de 1952 permitieron una fuerte migración interdepartamental que se evidencia en la década del ´70 y luego internacional, por motivaciones económicas principalmente. Paralelamente, hay un impulso de las mismas por el auge de las economías regionales y la alta demanda de cosecheros desde la Argentina. Se destacan el trabajo en el Norte de Argentina (caña de azúcar y tabaco), junto a la vendimia y la recolección de ajo en la región cuyana. Estos cultivos, debido a sus diferentes épocas de cosecha, permitían que la demanda de estos trabajadores golondrinas se hiciera extensiva a gran parte del año (Benencia, 2003). Comenzado ya la segunda parte del siglo pasado, la migración boliviana se intensifica y comienza a dirigirse principalmente hacia el Área Metropolitana de Buenos Aires. El cambio del destino se debió al proceso de mecanización ahorradora de mano de obra que mostraba el sector agropecuario en general, como así también por las mejores condiciones laborales (en relación a Bolivia y a los mercados de trabajo de las provincias del interior del país) que caracterizó a la etapa de Industrialización Sustitutiva de Importaciones (ISI) en la Argentina (Barsky y Gelman, 2005: 334). Así es como en 1970 más de la tercera parte de los bolivianos se concentraban en la urbe más importante del país (Benencia, 2003; Sassone, 2001).

Finalmente, en los años ´90, con un tipo de cambio fuertemente sobrevaluado (y altamente conveniente para el envío de remesas), se observa una renovada y pujante corriente inmigratoria boliviana que encuentra un espacio de inserción en el mercado de trabajo hortícola de los cordones de las grandes ciudades. La misma muestra gran influencia en la conformación de redes, como en la consolidación de las preexistentes, tal como se desprende del comentario del productor de la zona de Etcheverry:

“Decido entonces venir a la Argentina. El destino es el único posible, ya que en el pueblo desde que tengo memoria se venía la gente hacia acá. Voy hasta Yacuiba pero migración [argentina] no me deja cruzar [era el año 1996] Al año siguiente cruzo a Salta y trabajo en la cosecha del tabaco. Vuelvo a Sunsinte y finalmente me decido a venir a Buenos Aires, con un familiar que estaba trabajando en un tambo de Bavio. A los dos días ya estaba trabajando como peón en lo de mi hermano, que era mediero en una quinta de Colonia Urquiza. Era Octubre de 1998.” (KW)

La migración desde Bolivia incluyó a la totalidad de sus Departamentos[5], aunque con peso desigual. Asimismo, se puede establecer cierta especialización laboral en función del origen del boliviano: los orureños y paceños se destacan en la construcción, estos últimos junto a los cochabambinos y cruceños en el comercio, mientras los lugares de donde provienen mayoritariamente los horticultores son los valles andinos (Tarija, Oruro) y el Sur del Altiplano (Potosí). Así, por su pasado campesino, su proceso de pauperización y semiproletarización y por ser los Departamentos más expuestos a la frontera con la Argentina, la mayoría de los horticultores migrantes son Tarijeños (o “chapacos”), Potosinos y, en menor medida, Orureños. Y por una cuestión de enclave étnico, los horticultores de la zona de La Plata son de Tarija, mientras los de Pilar provienen mayormente de Potosí, eventualmente Sucre[6].

Ante la pregunta concreta, un productor de Olmos opina que:

“El chapaco [tarijeño] es tranquilo, trabaja tranquilo, la mayoría trabaja la tierra. El otro [los de Santa Cruz, los ´camba´] se cree más vivo porque hace más plata negociando que trabajando. Le das 5 pesos, te hace 10. El otro gana trabajando, no negociando […] Acá los que más trabajan son los de Tarija, después los que van al mercado, todos son de Cochabamba, y también de Potosí, los paceños, los de Sucre sirven para negociar. El tarijeño es muy poco en el negocio. En esta zona, se puede hablar que hay más tarijeños y muy pocos collas [estos últimos son los provenientes del Altiplano, en este caso, potosinos].” (WN)


Mapa Nº1. Continuidad y proximidad territorial con la Argentina de los Departamentos de origen de los horticultores bolivianos.


La inserción en un nicho agropecuario como es la horticultura fue posibilitada y potenciada ya que estos migrantes se ajustaban armonizadamente a la Función Macroeconómica de Producción Hortícola[7]. La misma estaba compuesta por una alta demanda del factor mano de obra y baja exigencia en tierra y capital. Si bien hubo cambios en el sector, la horticultura aun sigue siendo la que mejor se adapta a este tipo de sujeto.

Además, el trabajo en la tierra es lo que más sabían hacer, sumado a la posibilidad laboral que tenía las redes de la comunidad boliviana.

c) Ascenso Social y “Escalera Boliviana”.

Los migrantes en general buscan un cambio de vida, y en el caso de los horticultores bolivianos, buscaban el paso de una economía de subsistencia a una economía monetaria que les permita obtener un excedente económico que satisfaga las nuevas necesidades que tenían. Este abrupto cambio es explicitado por una productora boliviana de Gral. Cerri:

“Allá trabajábamos la quinta pero era para vivir […] porque no es como acá que se necesita un sueldo […] allá sin sueldo se vive y acá se vende para el sueldo, para vivir...” (Kraser y Ockier, 2008).

Para ello, al momento de llegar y durante mucho tiempo, contaban con un único medio de producción: su abundante fuerza de trabajo. Pero no era esa su única herramienta: poseían aun la conciencia de lo que pueden hacer para adaptarse a la situación que les toca y a la vez transformar esa realidad en búsqueda no sólo de acumulación, sino que también de status (Benencia, 1997: 173).

El ascenso o movilidad social logrado por los horticultores bolivianos en el Área Hortícola Bonaerense en los últimos 20 años hace referencia a un modelo o concepto de estratificación. Benencia (1999) fundamenta los diferentes estratos en criterios económicos, básicamente la fuente y el monto de los ingresos obtenidos. Así, el primer estrato sería el de asalariado, compuesto por migrantes recién llegados a la región, cuyo único factor de producción disponible es su mano de obra. El segundo estrato sería el de trabajador-mediero, caracterizado por un migrante y su familia que, a cambio de aportar toda su mano de obra, “acuerdan” con el patrón recibir un porcentaje de la producción. El 3º estrato es el de productor arrendatario, en donde el migrante no sólo adquirió conocimientos para gestionar una quinta, sino de capital para alquilar una tierra y ponerse a producir. El cuarto estrato es el del productor-comerciante, caracterizado por el productor migrante que muestra un avance en el eslabón de la comercialización[8]. De esta manera, Benencia (1999) distingue como trabajadores tanto a peones como a medieros, obteniendo el primero sus ingresos de un salario y el segundo de un porcentaje de las ventas. Mientras que el productor (“patrón”) obtiene un beneficio por las ventas de sus productos hortícolas (Ver Cuadro Nº1).


Cuadro N°1. La Plata. Estratificación social, fuentes de ingreso y posibilidad de acumulación.



Fuente: Elaboración propia en base a Benencia (1999).

En cada uno de los estratos se observan montos diferenciales y crecientes de ingresos, en los cuales este sujeto arriba mediante una serie de estrategias productivas y domésticas, que combinan elementos campesinos y capitalistas, y en interacción con un contexto que hace permeable este ascenso.

Así, parafraseando el estudio de Lynn Smith[9] (1940), Benencia describe el pasaje del horticultor por los diferentes estratos económicos denominado a este proceso “escalera boliviana”. La dinámica seguida por este sujeto puede ser representada de la siguiente manera (Ver Cuadro Nº2):

Cuadro N°2. Proceso de diferenciación y descomposición hacia abajo y hacia arriba del sujeto bajo estudio.


Fuente: Elaboración propia en base a Murmis, 1991, Benencia, 1999; Benencia y Quaranta, 2006.

Es para destacar que el ascenso logrado adquiere diferentes significados según el espacio considerado. Mientras que el pasaje de asalariado hasta productor, si bien implica un ascenso económico, no conlleva en la región bonaerense un reconocimiento social. Status social que sí lo obtienen de sus compatriotas en Bolivia.

d) Contexto y Permeabilidad.

El ascenso social o diferenciación hacia arriba es permitido o, por lo menos, facilitado por una modificación en la permeabilidad social. Esto se debió tanto a condiciones objetivas logradas por este sujeto, en donde a través de una serie de estrategias productivas y domésticas logró, en un tiempo acotado, una acumulación de capital y capacitación para llegar a arrendar y gestionar una quinta en el rol de organizador de la producción. A esto se le suma un proceso que combina elementos económicos, tecnológicos y sociales que cataliza un importante ocaso de una significativa porción de quintas de la región. Pero en un contexto “normal” el ritmo y el grado de acumulación y la posibilidad de avance por parte de estos horticultores bolivianos hubieran sido insuficientes para la diferenciación o, dicho de otra manera, el grado de permeabilidad generado sería bajo o insuficiente para explicar la magnitud del ascenso social evidenciado por este sujeto. Es por ello que el éxito de este ascenso por la “escalera boliviana” se debió también a una permeabilización que generó el contexto de crisis socioeconómico durante el período 1998 (comienzo de la recesión mas larga de la Argentina), pasando por la crisis política y económica del 2001/02 hasta, en menor medida, la actualidad.

A modo de cierre.

En síntesis, estos horticultores del país limítrofe provienen, en general, de familias campesinas pauperizadas y en proceso de descomposición (hacia abajo) en el contexto de procesos de modernización capitalista (Benencia, 1999). El mismo habría ocurrido en forma tardía, en concordancia con el lento avance del capitalismo en Bolivia. Eso los obliga a un proceso de oferta de trabajo extrapredial, logrado a través de migraciones internas y externas. Esta búsqueda de ingresos externos es asumida por una parte de la familia, quedando el resto en la explotación y manteniendo vínculos entre sí, lo que genera entonces una descomposición, conservando este sujeto elementos campesinos de relevancia en su etapa posterior de ascenso social.

Bajo estas condiciones ingresa al país, en donde comienza a trabajar como peón (asalariado). Luego, a través de una serie de estrategias productivas y domésticas y en un contexto de amplia permeabilidad social (generada por una profunda crisis política, social y económica), logran una acumulación de capital y un ascenso económico en el país, y de status social en su país de origen.

Es así que, analizándolo a través del esquema teórico de Murmis para Latinoamérica, se estaría ante la presencia de un fenómeno dual. Por un lado, descomposición de la estructura campesina con la consecuente semiproletarización de los miembros de una familia en Bolivia. Tras migrar a la Argentina, encuentran un área -Cinturón Verde Bonaerense- que le permite desarrollar y potenciar sus aptitudes, logrando una movilidad social como productores capitalistas, a partir de una estrategia de acumulación que conserva elementos campesinos.

Bibliografía.

Benencia, R. (1999) “El concepto de movilidad social en los estudios rurales”. En: Norma Giarraca (coord.) Estudios Rurales. Teorías, problemas y estrategias metodológicas. Editorial La Colmena. Pp 77-95.

Benencia, R. (2003) “La inmigración limítrofe”. En: Fernando Devoto Historia de la inmigración en la Argentina. 1º Edición. Buenos Aires: Sudamericana. Pp 433-484.

Kraser, M. y Ockier, C. (2008) “El circuito económico hortícola en manos de la comunidad boliviana. De la práctica de subsistencia a la agricultura comercial”. En V Jornadas de Investigación y Debate “Trabajo, propiedad y tecnología en el mundo rural argentino”. Abril de 2008. Universidad Nacional de Quilmes. (Buenos Aires).

Murmis, M. (1991) "Tipología de pequeños productores campesinos en América" en Ruralia - FLACSO Nº2. Pp. 29-56.

Sassone, S., (2008). "Migrantes Latinoamericanos en la gran metrópolis: territorios en red." Comunicación en el Congreso Nacional de Geografía, 69ª Semana de Geografía: "Geografía y sostenibilidad territorial", Buenos Aires.



[1] La economía campesina es, para Marx (2002: 185), una economía mercantil: el campesino vende para comprar. La producción mercantil simple implica la utilización de mercancías (M) para obtener mercancías, utilizando como nexo el dinero (D), buscando la satisfacción de las necesidades.

[2] Por descomposición se entiende a la resultante de un proceso en el cual los elementos capitalistas adquieren preeminencia por sobre los elementos campesinos, generando semiproletarios campesinos o bien capitalistas campesinos (Murmis, 1991). Es decir, la subsistencia de la unidad campesina depende, en parte, de la venta de la mano de obra como asalariado.

[3] Por este motivo, este sujeto se considera a sí mismo principalmente como trabajador, antes que inmigrante.

[4] Por descampesinización se entiende al proceso por el cual finalmente emergen proletarios y capitalistas, despojados de todo elemento campesino, aun cuando proviene de un origen campesino (Murmis, 1991).

[5] Bolivia es una república unitaria políticamente subdividida en nueve Departamentos.

[6] Esta particular distribución espacial obedece, entre otras lógicas, a las redes de territorios que tejen los migrantes entre el allá (Bolivia) y el acá (instalación en el espacio receptor) (Sassone, 2008). Según su capital social, el migrante elige un espacio donde llegar. Así, puede ser una casa de familiares, o de conocidos, lo que explica que se juntan los de Potosí en alguna región, y los de Tarija en otra.

[7] Se denomina Función Macroeconómica de Producción a la compleja relación que indica las proporciones en que trabajo, capital y recursos naturales se conjugan para engendrar el producto de determinado sector (Castro y Lessa, 1981: 20)

[8] En un reciente trabajo, Benencia y Quaranta (2006) actualizan la “escalera boliviana”, describiendo un total de 6 estratos.

[9] Clásico estudio acerca de la agricultural ladder, fenómeno de ascenso social protagonizado por agricultores familiares del medio oeste de los EEUU a principios de siglo pasado.

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